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Para ilustres especialistas (Lafuente Ferrari, Angulo Iñiguez) este grupo escultórico es la aportación máxima del siglo XX al campo de la imaginería religiosa. El propio Lafuente, junto con el Rector Magnífico de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, D. Ciriaco Pérez Bustamante, recomendaron como artista idóneo al cacereño Pérez Comendador (1.900-1.981) a quien encargó el paso el Gobernador civil de Santander y Hermano Mayor de la Cofradía D. Joaquín Reguera Sevilla, gracias a cuyo mecenazgo pudo pagarse el alto costo del conjunto. Tres años completos dedicó el escultor a esta que siempre consideró su creación preferida.

El estudio compositivo es tremendamente elaborado y magistral, convergiendo todas las líneas, ritmos y actitudes en el centro, el Cristo o elevándose a la Virgen Madre. Buscándose lo mejor para la obra, se empleó pino sueco de 100 años de antigüedad, el oro batido (mas de 2.000 panes) se trajo de Florencia y los materiales y pigmentos de la policromía de París y Holanda. Los ojos son de marfil y carey.
 
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