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Entrevista con Francisco Pastor Bueno, músico.
Pregonero Semana Santa de Santander 2010.

T.S.- Como presuponía, Paco, estamos totalmente de acuerdo. Y aunque no he tenido aún el placer de conocerte personalmente, si he ido descubriéndote como persona en dos facetas que se complementan a la perfección: a través de una ya extensa relación epistolar (algo que ha caído en desuso, desgraciadamente) y a través de tu música. Sé que no me equivoco al afirmar, porque así me lo has confirmado cada vez que me has pedido opinión sobre alguna de tus obras, que tu música es fundamentalmente intimista. Te revelas -a través de las notas que cuelgas del pentagrama- un hombre de profundas convicciones religiosas y siempre fiel a todo lo que anteriormente me has comentado. Dinos, por favor, algunas características más que pueden descubrirse en tus marchas procesionales. Prefiero que nos las cuentes tú mismo, con esa claridad de pensamiento y exposición que te caracteriza.

F.P.- Haces una descripción de mi actitud ante la composición de una marcha procesional con la que me siento plenamente identificado. Me pides que identifique otras características ínsitas en mis obras pero, si bien es verdad que los compositores tratamos de encerrar en nuestras partituras una gran parte de lo que somos en los aspectos intelectual, sensitivo e incluso aportaciones del subconsciente que a veces nos rebasan, la verdad es que si estas cualidades no llegan a ser apreciadas por el oyente de nada sirven. En mi caso me doy por satisfecho si el público puede apreciar fácilmente una identidad conceptual entre mi música y la imagen que la inspira, y si además es capaz de percibir mi identidad sonora (que no es otra cosa que el estilo propio del compositor) y la distingue como formalmente elegante y biunívocamente relacionada en el gusto expresivo con mi ser como persona y como músico, entonces mi satisfacción es plena.

T.S.- Claro, porque separar la persona del músico -si bien es factible- en mi opinión daría un resultado nefasto. La música podría ser de una perfección técnica impresionante pero no transmitir absolutamente nada o casi nada… Pasa, no sé si alguna vez lo has pensado, como con el ballet. Ha habido siempre y hay bailarines con una técnica increíble a los que, sin embargo, ves bailar y te dejan una sensación de frialdad un poco triste, diríamos que no “redondean” sus actuaciones. Sin embargo hay otros con menos habilidad técnica (siempre necesaria, por supuesto) que transmiten mucho más. No sé si estarás de acuerdo.


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